Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

La calculadora

La calculadora

¿Entiende de votos la calculadora? Los intereses de las clases sociales y los territorios no siempre coinciden. La bandera puede servir como señuelo para desangrar a los obreros. Patriotismo de hojalata. Chauvinismo como anzuelo de cara a defender a las élites. Algo así sobrevuela en el PSOE que ve que lo que gana electoralmente en Cataluña lo pierde en Extremadura y, todo apunta, ocurrirá algo similar en Andalucía. Las posiciones que avanzas en el norte peninsular implica que retrocedas en el sur. Y eso para un partido de Estado, como es el PSOE, es mortal sociológicamente.

ERC reclama una financiación singular para Cataluña; diga lo que diga la calculadora. Esto viene a ser, con o sin palabras edulcoradas, que Cataluña tenga un sistema de financiación igual o lo más próximo posible al del País Vasco y Navarra. Territorios que recogen todo lo recaudado y pagan a Madrid un tanto, según cálculos establecidos, por los servicios estatales prestados y poco más.

Cataluña siempre lo quiso. Primero, fue Artur Mas y, en cambio, Mariano Rajoy le dio un portazo en La Moncloa. El entonces líder de CiU inició como respuesta el ‘procés’. Segundo, es ERC el que quiere apuntarse la ganancia política aprovechándose de la debilidad parlamentaria de Pedro Sánchez. Si este quiere aguantar hasta 2027, ERC pasa factura.

¿Dónde están los límites de la plurinacionalidad? De repente, puede ocurrir que el centralismo decimonónico y franquista que tan malo fue para España, pensemos en Canarias y su lejanía, tenga como réplica una anarquía financiera que no se pueda sostener. Dicho en plata, el cupo vasco y la aportación navarra vienen de lejos y, así y todo, no representa tanta pérdida para el Estado porque el peso poblacional es menor al que sería Cataluña.

La calculadora manda. O mandaba. La calculadora puede sumar votantes o restarlos, aunque la calculadora no lo diga en primera instancia. Esa calculadora la estará manejando en La Moncloa. ¿Y en Ferraz hacen lo propio? La experiencia extremeña apunta que los temas catalanes no se entienden al sur del río Ebro por parte del electorado socialista. No es una conclusión racional y fría producto de la calculadora. Solo es una emoción. Pero acontece que se vota más con la emoción que con la cuenta de resultados.

La financiación autonómica es algo sumamente técnico y áspero. No entra fácil ni estimula el acercarse a la temática, pero preside (a su modo) discusiones ilimitadas a pie de barra. Ahí sí que pululan las emociones. Y las banderas son, al fin, emociones. No sabemos aún qué quiere decirnos la calculadora; y eso que tenemos un presidente del Gobierno sin mayoría parlamentaria.