Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

Imperialismo

Imperialismo

El imperialismo antes o después resurge para derrocar los intentos de afianzamiento del Derecho Internacional. Ante la ausencia de normas o su incumplimiento directo, emerge la razón de la fuerza; elemento clave, por otro lado, en la sociedad internacional desde sus inicios, bien como imperios o como Estados nación. Donald Trump está en esa onda, a lomos de la banalización que derroca los cimientos del orden internacional ungido tras la Segunda Guerra Mundial.

Este nuevo brote de imperialismo que desdeña la soberanía territorial de otro Estado, secuestra a su mandatario y bombardea, ya lo hace sin el mínimo miramiento hacia las normas internacionales. Al menos, la Administración Bush intentó congraciarse con el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) antes de invadir Irak. Incluso, previamente usó el terrorismo sufrido el 11S como argumento de defensa legítima para atacar Afganistán.

A este imperialismo le sobran las formas y el aparentar. Es el ‘trumpismo’ que, por un lado, promete que Estados Unidos se concentre en lo suyo y no inmiscuirse en el exterior, y después hace y deshace en función de sus intereses imperiales. Una incoherencia del ‘trumpismo’. Eso sí, Estados Unidos se disputa con China la hegemonía mundial; imperialismo del siglo XXI.

El secuestro de Nicolás Maduro y su mujer ahondará en la brecha venezolana. No es solución a la crisis que vive Venezuela. Aún es pronto para calibrar el alcance de este ataque de Estados Unidos a Venezuela, pero deja claro que la Administración Trump hará lo que estime, con o sin socios. Imperialismo desbocado. Y es aquí donde sobresale la irrelevancia de la Unión Europea desde que el ‘trumpismo’ ha roto con la tendencia histórica de ir de la mano con el Viejo Continente.

Entre Estados Unidos y Rusia yendo a compartir intereses en este nuevo formato del imperialismo, el modelo europeo queda en un páramo. Se ha visto en Ucrania y en el genocidio de Israel contra el pueblo palestino en la franja de Gaza. Ahora es Venezuela. Después de Caracas, podría caer Cuba, piensa la Administración Trump; al modo de una teoría del dominó como si estuviésemos en la Guerra Fría. Con todo, es patente que Estados Unidos sigue tomando Suramérica como su patio trasero.

Maduro no es Hugo Chávez. Y la revolución bolivariana lo ha notado desde la muerte del comandante. Todo se ha complicado. El petróleo es, al tiempo, lo que ha sostenido a Maduro y justo lo que Estados Unidos desea. En Irak alegaron las armas de destrucción masiva (que nunca hubo) para justificarse ante la comunidad internacional, en 2026 es el tráfico de drogas. Da igual. El resultado es el mismo.