Está más que claro: el rey paró el 23F. No obstante, los bulos y teorías de la conspiración proseguirán. Son jugosos para los extremos políticos, tan afanados en derrocar el consenso de la Transición y blandir la revolución o un régimen autoritario posmoderno. Desclasificar los papeles del 23F han permitido afianzar la tesis de siempre: Juan Carlos I detuvo la asonada militar.
Es verdad que los golpistas no cayeron del cielo y que el golpe de Estado, más o menos chapucero, se gestó al calor de un caldo de cultivo social consistente en echar a Adolfo Suárez. Y que en medio de esto, el monarca no frenó las especulaciones al uso. Pero cuando llegó la hora de la verdad, con militares y tanques paseando por Valencia, el rey paró el 23F y estuvo con la Constitución.
En 2026 es evidente el intento de deslegitimar al rey, a Suárez y a quien haga falta, con tal de ir dinamitando el relato legitimador de la Transición. Así pues, se provocaría un vacío que, ¡oh, casualidad!, permitiría potencialmente ser cubierto por los extremos ideológicos que, por unas razones u otras, rechazan la conciliación del 78 y los acuerdos en los que todos cedieron, unos más que otros, pero en el que todos cedieron.
Por cierto, esa arquitectura constitucional y reglas electorales, esas mismas, ni más ni menos, son las que también han permitido que los extremos políticos tengan representación en el Congreso de los Diputados y demás instituciones. Se llama democracia. Mas a los sectarismos no les gusta el pluralismo político, el respeto al Estado de Derecho y el valor de la negociación como mecanismo integrador de la diversidad.
Para eso están las elecciones: para que la ciudadanía con su voto, cuantifique el peso electoral de cada una de las siglas. Y luego, estos mismos actores parlamentarios cumplan con su rol constitucional efectivo. Una dinámica que las últimas generaciones dimos por sentada (al igual que la premisa de que el rey paró el 23F) y, por el contrario, asoman otra vez los revanchismos y afanes extremistas.
Ahora, con la documentación desclasificada, se conoce que el PCE (¡el propio PCE!) advirtió otrora que la extrema derecha quiso implicar a la monarquía en el 23F para destrozarla como institución democrática. Que esto lo sostuviera entonces el PCE, habla por sí solo. Lo dice todo. No caigan en la actualidad en el error de comprar las conspiraciones al uso. El rey paró el 23F.










