A pesar del gentío que cunde hoy en la práctica de la difamación, espoleados por acosadores de todo pelaje, está el periodismo serio. Y Fernando Ónega estaba en esa alineación. Gallego, cercano a Adolfo Suárez (autor de aquel “puedo prometer y prometo” que plasmó en el discurso del presidente del Gobierno), ejerció en diversos medios de comunicación y siempre relució por su ponderación. Nunca tuvo palabras altisonantes que chirriasen a la opinión pública. Al contrario, él (y su hija, que hoy brilla en Antena 3) ha sido diana de ataques desde los radicalismos que se afanan en finiquitar el modelo del 78.
En los libros plasmó el periodismo serio: ‘Puedo prometer y prometo. Mis años con Adolfo Suárez’ (Plaza & Janés, 2013), ‘Juan Carlos I. El hombre que pudo reinar’ (Plaza & Janés, 2015) y ‘Qué nos ha pasado, España. De la ilusión al desencanto’ (Plaza & Janés, 2017). Tres publicaciones de hace una década que llegaron a las librerías cuando empezó a cuestionarse el sistema del 78. Y Ónega, en vez de arremeter, edificó con la palabra y estimó la importancia del consenso.
Ónega y el periodismo serio es todo lo contrario a esos que van por las calles persiguiendo y metiendo el micrófono como punta de lanza de improperios y formas desagradables. Dicen ser periodistas y, en cambio, son la negación del periodismo.
Fue de los periodistas que más se adentró en el binomio conformado por el monarca y Suárez. Perteneciente a una generación que conoció el horror del rencor y la división de las dos Españas, solo reconciliadas con la Transición, su bandera fue el respeto y el diálogo. Valores que, por el contrario, en 2026 no cotizan. De hecho, que el gallego trabajase en diversos medios de comunicación, y soportes, irradia su versatilidad para entender el pulso de la España de las últimas décadas.
Hay que preservar el periodismo serio. El día que echemos en falta a los periodistas que canalizan el debate, cuando estos sean suplantados por los agitadores y mindundis provocadores que circulan por las inmediaciones del Congreso de los Diputados y acechan a los representantes públicos en sus domicilios, significará que hemos ido a peor y que la sociedad está rota. Se quiere vaciar la Constitución de 1978, y la valía del periodismo, con evidentes intenciones rupturistas que a saber dónde nos llevarían. Ónega, que conoció el franquismo y fue testigo privilegiado de la Transición como periodista, no pertenecería a ese mundo. Evitemos que se haga realidad. Sería protervo.










