Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

El manifiesto

El manifiesto

Desde las revoluciones liberales el manifiesto fue un instrumento de agitación política vivo y necesario. También ocurrió así con el movimiento obrero: el manifiesto comunista de  Karl Marx y Friedrich Engels, datado a mediados del siglo XIX, hizo lo propio. En 2026 el manifiesto encabezado por Jordi Sevilla tiene el coraje de seguir esa tendencia y clamar la necesidad de recuperar el PSOE. Esto es, que el PSOE vuelva a ser lo que fue: un actor cardinal en el sistema político del 78, nacido en la Transición, que vehicule la socialdemocracia.

Yendo más lejos, Sevilla y otros aspiran a que el PSOE sea el protagonista del centroizquierda de la política en España. Ese PSOE lo encarnó el ‘felipismo’ tras el Congreso de Suresnes (1974) con la dictadura franquista dando coletazos, por dolorosos aún que fueran, hasta 1996, lo siguió Joaquín Almunia y Josep Borrell, y acabó por representarlo José Luis Rodríguez Zapatero, inspirado en Philip Pettit y su republicanismo cívico.

Ese PSOE es necesario para rescatar a España del caos al que la quieren someter y que pasa por aniquilar el orden de garantías constitucionales del 78. Es decir, ese espacio político de libertades y descentralización territorial (incluso, plurinacional) para ser mermado desde los extremos políticos en aras de derrocar a la monarquía parlamentaria y llevar al país a no se sabe dónde… Puede que una república o, más probablemente, un autoritarismo primero con ánimo recentralizador desde la derecha. Es jugar con fuego.

Los populismos que nos atenazan no son claros y, barullo va, barullo viene, dinamitan el consenso democrático y el contrato social, sin acabar de explicitar qué modelo político desean.

Hay cuestiones de la crisis actual de la socialdemocracia (recortes tras la crisis financiera de 2008, proletarización de las clases medias y ascensor social roto) que escapan a Sevilla y el grupo de escuderos que están inmersos en este nuevo afán.

Ahora bien, estas buenas intenciones se tropiezan con una realidad: el PSOE (entiéndase por su espina dorsal orgánica) es plenamente ‘sanchista’. El cesarismo de Pedro Sánchez está implementado precisamente porque él mismo se encargó de desmantelar a los cuadros territoriales del PSOE. Fue la lección que sacó tras ser defenestrado en aquel famoso comité federal en el que luego volvió con el proceso de primarias contra Susana Díaz y Patxi López, auspiciado por la estratagema torticera de enfrentar a la militancia contra el aparato. Y sobrevino un páramo que está oculto amén del poder que maneja desde 2018, pero que algún día acabará.

El manifiesto apela a la necesidad de acuerdos con el PP cuando sean precisos por las circunstancias. Una clave esencial que, sin embargo, es desplazada. Sin ir más lejos, la propuesta de Juan Carlos Rodríguez Ibarra de abstenerse en Extremadura para evitar la entrada de la extrema derecha en el Gobierno autonómico, ha sido silenciada por Ferraz. Sevilla es valiente. Otra cosa es que la iniciativa tenga éxito orgánico.