Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

El error de Uclés

El error de Uclés

Vaya por delante que aún no he leído el superventas de David Uclés titulado: ‘La península de las casas vacías’ (Siruela). Pero hace un tiempo me abastecí de un ejemplar, una edición en tapa dura y conmemorativa para más inri, en aras (en algún momento) de leerlo. Ya se sabe que los libros los compras y luego, antes o después, le llega la ocasión de leerlo. La cosa estriba, y los compradores lo saben, en que lo importante es tenerlo provisto en casa y luego Dios proveerá el orden de lectura de los libros apilados que guardan cola. La vida son momentos. Y todo libro tiene su momento.

Vaya por delante también que las referencias sobre ‘La penínsulas de las casas vacías’ que me han dado son positivas. Mas ya sacaré, en todo caso, al leerlo, mis propias conclusiones. Ahora bien, dicho esto, creo que Uclés se ha equivocado en retirarse de las jornadas organizadas por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra bajo el emblema: ‘¿La guerra que todos perdimos? 1936-1939’. Y que van a ser celebradas bajo el auspicio de la Fundación Cajasol.

Uclés se ampara en que se deshace del compromiso fruto de que en esas jornadas, aunque en distinta mesa, participarán José María Aznar e Iván Espinosa de los Monteros. Insisto, es un error del escritor. Y el error de Uclés es de bulto.

Primero, Aznar fue presidente del Gobierno y, por tanto, de todos los españoles; le votaran o no. A Aznar hay que escucharlo y respetarlo como al resto de jefes del Ejecutivo. Segundo, ese mismo Espinosa de los Monteros fue el mismo que protagonizó con Pablo Iglesias (cuando aún era parlamentario) un corrillo en el Congreso de los Diputados al albur de una celebración institucional, creo que era el Día de la Constitución.

Aquellas imágenes de Iglesias y Espinosa de los Monteros parlamentando (nunca mejor dicho) y compartiendo algunas sonrisas, llamó la atención, mas era sano que ocurriese. Para empezar, porque al margen de lo que piense cada uno, las formas siempre son las formas y lo cortés no quita lo valiente.

A Uclés le siguió enseguida en el hecho de desmarcarse en la próxima participación, el coordinador de IU, Antonio Maíllo. Otro error. En los debates hay que estar, y conviene confrontar con argumentos. Uno como escritor y el otro como político, que era lo previsto. Además, Uclés se refirió a Aznar y a Espinosa de los Monteros como “dos individuos” que iban a estar en las jornadas de marras, sin citarlos expresamente por sus nombres y apellidos… Mal.

Con independencia de que un golpe de Estado es un golpe de Estado, y el de los militares en el verano de 1936 contra la Segunda República lo fue a todas luces, con la Guerra Civil todos perdimos. Hubo matanzas, miserias y canalladas a ambos lados. La condición humana supera a la política. Ningún bando se libró de perpetrar excesos. No puede leerse la Guerra Civil con un mero prisma de blanco o negro. Hay multitud de grises.

Cuando leí el título de las jornadas (‘¿La guerra que todos perdimos? 1936-1939’) enseguida me vino a la mente (precisamente por el título) un libro que me regalaron en la adolescencia de Fernando Díaz-Plaja: ‘Todos perdimos. Recuerdos de la guerra incivil’ (Maeva, 1999). Eran las vivencias en Barcelona durante la Guerra Civil del autor como estudiante de Filosofía y Letras, y seguramente de ideas conservadoras.

Pero es igual porque lo que retengo de aquella temprana vital lectura era el acontecer cotidiano del absurdo del conflicto y los males que provocó. Uclés tenía que haber acudido y defender sus ideas. No rehuir nada. No dejemos que nos roben el sentido común que debe estar siempre por encima de cualquier ideología. Y sí, no lo duden, todos perdimos. Unos y otros.