Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

El amor

El amor

No nos enseñan a manifestar nuestros sentimientos. No digamos el amor. No está en el lenguaje primario de la escuela, donde ni siquiera concurre la inteligencia emocional. Brindan recetas para ser competitivos y lecciones de economía, pero se olvidan del amor. Y entonces no hay posibilidad de avivar el alma y, por tanto, la vida. La esencia del amor es su transcendencia, o no es amor.

El amor, que por definición es honesto y limpio, sigue siendo amor aunque no sea correspondido. Deseas lo mejor a la otra persona siempre, aunque no se tercie el unir caminos, en ese momento o siempre, o no aflore la chispa que se precisa o la suerte de coincidir ambos en tramos vitales idénticos.

El amor está en el beso, en ese beso, en ese intento de beso, que condensa el mayor anhelo de querer el bien el uno hacia al otro, de los dos. No hay nada más erótico que una caricia, que un beso en la frente, que unas manos que se entrelazan.

Porque la grandeza del amor es que no necesita añadidos, no hay que aliñarlo con frenesí y condimentos de la excitación. El amor está en la cafetera a primera hora de la mañana, en el recibo que te encuentras en el buzón, en el desvelo durante la aterida madrugada en la que te acompaña el boletín informativo de la radio… El amor fluye. El amor está en dos miradas cómplices que no se dicen nada y, sin embargo, se han dicho todo. El amor concurre en dos rostros que se acercan y que hace que prenda por dentro una ilusión jamás sentida.

El amor está en las pequeñas cosas. Pero no nos enseñaron a retratarlo, a expresarlo. Y si no hay amor no merece la pena vivir. El amor es tener a Dios en la tierra a través del otro.

Y como no hay costumbre en saber enunciarlo con propiedad, brotan tantas canciones sobre el amor que operan como desahogos de las diferentes generaciones. Temas que nunca decaen, como aquellos ochenteros de Glenn Medeiros ‘Nada cambiará mi amor por ti’ y de Iván ‘Te quiero tanto’.

Del reverso del amor forma parte igualmente la frustración y la impotencia de un deseo contenido. Porque el amor es querer compartir la vida; la vida en sus detalles, la vida anodina, la vida cuando cae la tarde los domingos. Vivamos con amor.