Huele a derrota en Extremadura del PSOE. Huele, y mucho, ese presagio de la caída sonora que deja repercusiones en el territorio y en Madrid; en concreto, en Ferraz donde la derrota en Extremadura se agolpará con las presuntas corruptelas, el machismo y el puterío de exministros que parecen sacados de una barra de bar con el palillo en la comisura de los labios. Chusma. Gentuza indecente que jugó con la clase trabajadora. El ‘sanchismo’ desde el primer instante estaba obcecado en gobernar al precio que fuera; aun a costa de resquebrajar el sistema del 78, el partido heredado del ‘felipismo’ y las reglas mínimas del bipartidismo dinástico y sistémico en el que descansa la nación.
La derrota en Extremadura anticipará otras iguales o peores. Para empezar, el candidato socialista (Miguel Ángel Gallardo) no tiene tirón ni carisma, además está investigado (antes denominado imputado). El PSOE sale así al terreno de juego sin expectativas, a la espera de amortiguar un golpe que sabe consumado de antemano.
Se olvida que Extremadura era electoralmente socialista; donde era dueño y señor Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Presidente de la Junta de Extremadura desde 1983 hasta 2007. Se dice pronto. La impronta de Ibarra, jacobino y en la cuerda de Alfonso Guerra, sacudía pueblo a pueblo las dos provincias extremeñas para envalentonar el voto jornalero en contra de los cortijos de los señoritos anclados en el tardofranquismo.
De los escenarios que se barruntan para el próximo domingo por la noche, todos son adversos para el PSOE. Y uno de ellos también para el PP y, por ende, para el bipartidismo; fuertemente amenazado por la ola de la ultraderecha que por repudiar, repudia incluso a la monarquía y a la Iglesia católica. Vox rememora la España de la ‘camisas viejas’ falangistas a lomos de la ‘lepenización’ antiglobalista. Qué cosas. Pero vayamos al lío.
Si el PP gana con mayoría absoluta, es malo para el PSOE. Si el PP gana aunque sin mayoría absoluta y le respalda Vox, se antoja malo para el PSOE (y para los populares). Si el PP vence (subrayo) sin mayoría absoluta y reclama el respaldo parlamentario socialista, es malo para el PSOE; viene a destiempo, no hablamos de la política estatal en Madrid. Los tres escenarios agitan desenlaces electorales adversos para el PSOE: una derrota en Extremadura que, al fin, solo interesa saber la letra pequeña pues el marcador principal se conoce ya. Y no hay Peugeot 407 que lo camufle.










