No se puede analizar la situación política actual sustrayéndose de la crisis de régimen del 78. El ‘sanchismo’ durará más o menos, pero el PP también tendrá que encarar problemas similares a los actuales que ostentan una clara índole sistémica. Al romperse el neoturnismo que garantizaba la alternancia periódica y suficiente (solo respaldándose con los nacionalismos periféricos cuando no había mayoría absoluta) y devenir gobiernos de coalición y conglomerados parlamentarios inesperados, las dinámicas políticas que se inauguran son otras. Y en esas estamos.
Es una crisis de régimen porque el PP, aun siendo el más votado en las urnas en 2023, necesitó y necesitará de la ultraderecha. Es una crisis de régimen porque el PSOE no aúna a las clases medias y trabajadoras con el mismo dinamismo de antaño. Es una crisis de régimen porque el crac de 2008 lo cambió todo y el idilio social previo se esfumó. Y no hay bipartidismo efectivo si no le acompaña el bienestar y la paz social, así como la promesa de un futuro mejor para los jóvenes.
Los partidos dinásticos y sistémicos (PSOE y PP) siguen siendo los más votados y, sin embargo, ambos están hipotecados a sus extremos. Está por verse si el PSOE está dispuesto a facilitar (¡otra vez!, ya lo hizo con Mariano Rajoy) una investidura de Alberto Núñez Feijóo para evitar la entrada de Vox en el Consejo de Ministros. Hasta ahora el PP no ha hecho lo propio con respecto al PSOE, y este se ha entregado a socios parlamentarios inimaginables hasta casi el otro día. Solo un Gobierno de coalición ‘a la alemana’ entre PSOE y PP o PP y PSOE puede ganar tiempo y darle aire al trance que atravesamos. Aunque, de momento, no parece viable.
Si las izquierdas no suman, si el PP deja de ser el PP pues se ata a Vox, si no hay alternativa mayoritaria y centrada, ¿qué le queda al electorado más transversal? Son enigmas que pronto se alzarán y que no tienen respuesta.
La crisis de régimen es de los partidos (principalmente los dinásticos y sistémicos: PSOE y PP) mas asimismo la crisis de régimen atañe a todos. Una cosa es que no se hable hoy de esto en las cafeterías y otra bien distinta cuando toque el momento electoral y tengan que definirse unas y otras siglas. Pedro Sánchez y Feijóo no están en condiciones de ofrecer alternativas con visos de concurrir en solitario. Al revés, tanto el uno como el otro están sometidos a los vaivenes de la fragmentación parlamentaria, la inestabilidad gubernamental y el auge de la extrema derecha.










