Hace unos días La 2 emitió ‘El sol del futuro’ (2023) de Nanni Moretti. La cadena de titularidad pública mantiene la sana costumbre de ofrecer películas por la noche, suplantando el papel que hasta la pandemia hacían los cines, ya cerrados a cal y canto. En Las Palmas de Gran Canaria es sangrante la orfandad que ha dejado los Multicines Monopol, que era la reserva espiritual isleña del cine europeo, un oasis que era la envidia del resto de Canarias y de las capitales de provincia de península.
Moretti en ‘El sol del futuro’ hace cine dentro del cine. Y, a través del personaje que él mismo encarna, estilo habitual en este director, vislumbra a una persona que ve que el mundo actual ya no es el suyo y que le cuesta entenderlo; tanto en lo profesional como en lo familiar y emocional.
Ese cine dentro de cine narra la importancia del comunismo italiano en la Europa de la Guerra Fría justo cuando la Unión Soviética aplasta el ansia de libertad en Hungría en 1956. Y así, desde el primer momento, va superponiendo (y jugando) las escenas de la obra que quiere grabar sobre el PCI en un pueblo italiano en el que llega un circo húngaro, con las de la actualidad. Moretti hace, por tanto, un malabarismo sobre el cine dentro del cine.
Desde luego, este tipo de trabajos no tienen cabida en las salas que restan en los centros comerciales de la periferia de la ciudad. Triste estampa. Los cines tal como los entendimos, ya no existen. Algo queda en Madrid, poco más. Los cambios de hábito en el consumo imperan. Aunque hasta hace poco ir al cine era un espacio de socialización que hemos perdido.
Eso reclama el protagonista: ese director que quiere hacer películas pero no asume que tiene que destinarlas a las plataformas de pago para verlas en cada casa amén de internet… Un mundo, al fin, que no le pertenece. Moretti no defrauda. La película tiene giros de guion y bailes que rompen al que la ve. Ver danzar a Moretti recuerda al director de siempre, al de su mundo que también fue el de otros muchos que no interpretan el sentido del hoy. Por último, con la selección de canciones, como la francesa ‘Et si tu n’existais pas’ de Joe Dassin, acierta Moretti. Es el Moretti comprometido, nostálgico, librepensador y crítico. El de siempre.










