No se puede entender el chavismo, la crisis actual de Venezuela y la intervención de Estados Unidos, sin la revolución bolivariana propugnada por Hugo Chávez: un proceso democratizador por combatir la desigualdad y la pobreza al tiempo que fortalece la independencia de Suramérica ante Estados Unidos. Esa era la idea. Luego, con Nicolás Maduro, vino el desgaste y podredumbre del régimen. Pero los inicios son los inicios, y Chávez blandió un modelo socialista (chavismo) entre finales del siglo pasado y comienzos del actual cuando ya había caído el Muro de Berlín y se había desplomado el llamado socialismo real de la órbita soviética.
Chávez, por tanto, abanderó el modelo opuesto al del consenso de Washington que descansaba en el neoliberalismo y que tuvo su punto de partida en la dictadura chilena de Augusto Pinochet y sus ‘Chicago Boys’ haciendo de halcones ortodoxos del libre mercado y las privatizaciones. Ese relato neoliberal en el considerado como su patio trasero por Estados Unidos solo tuvo contestación, años después, con Chávez en Venezuela. El chavismo confronta ese neoliberalismo y sumisión yanqui.
A su vez, Chávez también fue un golpista pues intentó derrocar a Carlos Andrés Pérez en 1992. No lo logró y dijo aquello de “por ahora” los objetivos no han sido alcanzados. Lo logra más tarde por la vía de las urnas. Y ese socialismo democrático, la denominada revolución bolivariana, tuvo un socio en Cuba que, pronto, mandaría a las misiones venezolanas sus médicos a cambio de petróleo.
Conviene desde España fijarnos en una lección sobre el chavismo: Chávez llegó al poder tras colapsar décadas de bipartidismo protagonizado por Acción Democrática (que sería el PSOE) y COPEI (que sería el PP). Un régimen democrático, con todas las corruptelas y deficiencias que quieran, que sustituyó a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1952-1958).
Sin entender todo esto, es un error asumir que la crisis venezolana es fruto solo de Maduro. No tenía el carisma de Chávez. No tenía la formación del comandante. Chávez no fue un sargento chusquero sino un militar de carrera, de academia. Y estaba ideologizado. Había leído. Su prematura muerte en 2013 dejó al mando a Maduro, fue decisión suya precisamente al nombrarle en vida sucesor. El chavismo no encontró repuesto al comandante.
La llegada del ‘trumpismo’ deja en la inestabilidad a Venezuela a la espera del retorno a la democracia. Eso sí, con el temor de que el petróleo sea ahora caldo de cultivo de los intereses estadounidenses. Las lógicas de poder en las relaciones internacionales no varían: y operan ya sin descaro cuando la Administración Trump quita mandatarios y dice pilotar una transición a la democracia que a saber en qué depara.











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