La izquierda está inmersa en el debate de la alianza y siglas de cara a las próximas elecciones generales. El 21 de febrero diversas organizaciones presentarán un proyecto en Madrid al que, por ahora, solo se añaden los que de por sí forman parte de Sumar. Si estamos ante un Sumar II, será un fracaso. La ciudadanía progresista, que no vota PSOE, quiere un frente popular o un partido clásico como el de toda la vida; una especie de lo que supuso IU en su momento. No una confluencia electoral. Esto es, si se hace un Sumar II en el que cada partido mantenga su propia estructura en su territorio respectivo, ¿tendrá futuro? ¿No es un Sumar II sin más?
Mientras tanto, Unidas Podemos está echada al monte y carga contra esta iniciativa, Gabriel Rufián, Romario, los teleñecos, el vecino del quinto, el ferretero de la esquina y quien haga falta. No quiere saber nada de alianza y siglas por la sencilla razón de que aún piensan que pueden volver a su época de gloria o liderar ellos esa nueva gloria supuesta que pudiese venir.
Rufián tiene razón en que para la izquierda pasó el periodo de las siglas. Sin embargo, para ese frente popular que pretende (dicho en bruto) hace falta que muchos dirigentes políticos se sacrifiquen a corto plazo y, por ende, renuncien a escaños, direcciones generales y demás negociados. Y nadie quiere apearse de la política, de la primera línea institucional, para forjar una nueva alianza y siglas.
Puede que solo se produzca ese frente popular si antes hay un mandato de PP y Vox en La Moncloa. Cuatro años serían de movilizaciones en las calles, Cataluña retornando a ser el tema por excelencia, huelgas generales… y lo que te rondaré morena.
Como ven, el panorama es inquietante. A la vez, el PSOE no reacciona e hipotecado a Pedro Sánchez y sus circunstancias familiares, se ha olvidado del sentido de Estado, el espíritu del bipartidismo y lo que se tercie, con tal de apurar un poco más la estancia en el poder. ¿Habrá PSOE después del ‘sanchismo’?
Parece que Rufián anda en un desierto, a pesar de esta alianza y siglas en disputa. Todavía hay que esperar. A ver qué sale el 21 de febrero. Lo que sí parece difícil es que EH Bildu, ERC y BNG (que disponen de estructuras fuertes y bien implementadas en sus territorios) vayan a sumarse a la gaseosa de verano que está en ciernes. O la izquierda espabila, le cueste lo que le cueste a los egos de turno, o que se vaya preparando para la ‘clandestinidad’.










