A Canarias vendrá el papa León XIV en junio. Será una de las grandes noticias de 2026 para nuestra tierra. O puede que la que más impacto y resonancia tenga; depende del albur del resto de acontecimientos. A Canarias quiso venir el papa Francisco, y el actual lo hará para cumplir no solo un deseo personal suyo y de su antecesor sino por la necesidad de la Iglesia católica de conocer de primera mano el drama de la migración. E irá al muelle de Arguineguín (Mogán), conato de despojo de derechos humanos a tenor de la crisis migratoria. Meses en los que el Gobierno central no reaccionaba a tiempo y los ministros venían de paseo a las islas.
Será llamativo cómo en verano, mientras entran y salen los turistas con la pulserita del todo incluido de los hoteles, a la par venga el pontífice para testear una problemática social y globalizadora. Vendrá a Canarias, por tanto, para comprobar cómo nuestra tierra está siempre (o casi siempre) en el epicentro de la globalización. Pero mientras los chonis se bañan en las piscinas y playas y cogen su bronceado, el papa querrá conocer la puerta de recepción con respecto a África; que también es nuestro continente.
A su vez, a Canarias viene León XIV para hacernos pensar. Ese es un propósito esencial: su visita y nuestra acogida debe ir acompañada de un periodo de reflexión. No puede quedarse en los titulares o en el destello mundial de lo que supone. No entenderíamos nada entonces. León XIV nos invitará a zarandearnos juiciosamente, a implicarnos, a tomar partido. A ser ese hospital de campaña que clamaba el papa Francisco.
No vale una fe estéril, absorta en ser mero testigo de lo que ocurra. Al contrario, lo que acontece a nuestro alrededor, no digamos ya si es lo más próximo, nos interpela. Y en el archipiélago tenemos numerosos retos a los que hacer frente con convicción y ánimo de justicia social.
Lo fácil sería ceñirnos a lo institucional, al posado con los políticos. El interés será tremendo, no cabe duda. Mas la historia es otra: qué escenario barajarán los gobernantes cuando León XIV retorne a Roma y tengamos que seguir afrontando nuestra realidad isleña compelida por las rutas migratorias en el Atlántico. Ese será el gran misterio que recae en todos, aunque especialmente en los representantes públicos. Más vale que tomen nota y actúen, con mayor ahínco, pasado el verano.










