En vez de crear un único partido grande e implementado territorialmente, como lo fue el PCE e IU, o ya puestos el PCI de los comunistas italianos liderados por Enrico Berlinguer, la izquierda se divide a sí misma en olas sucesivas para luego, con motivo de cada cita con las urnas, tratar de recomponer la relación. Vamos, que tanta pelea entre Pablo Iglesias, Yolanda Díaz, Irene Montero y demás correligionarios de toda ralea, queda reducida a la manera de articular un matrimonio de conveniencia. Nadie quiere perder su negociado. Todos quieren ser líderes. Nadie se baja del tren de los puestos institucionales.
Si ahora Sumar (o lo que sea ya) se une con Unidas Podemos, ¿para qué se separaron? ¿Quién es responsable de este absurdo sobrevenido en la medida que la ruptura nunca tenía que haberse producido? Vaya usted a reclamarle al maestro armero. Un sindiós reina en la izquierda porque no hay marca al unísono que llame con el tamborileo marchar a la guerra electoral.
Así las cosas, después de este frente que pretende hacerse de cara a 2027, será oportuno entonces preguntarse si retornarán las peleas de antaño o, en cambio, vuelven a entenderse en aras de la defensa de la clase trabajadora y el convenio colectivo. No se entiende desde el electorado de izquierdas semejante operación pitufera en tantos años que responde, en última instancia, a ansias de poder y control interno.
Por eso EH Bildu, ERC y BNG no quieren saber nada de mareas de este estilo. A lo suyo, en la nación propia que ambiciona cada uno, están más cómodos, y se entiende, en vez de brindarse al movimiento pitufero donde la izquierda se descompone en peones azules pequeños, cada uno hijo de su padre y de su madre, y que atiende a una parte solo del territorio. En fin, o se es izquierda estatalista (PCE/IU) o se es formación de naturaleza nacionalista periférica. Las terceras vías no valen en cuanto que reina el sálvese quien pueda para garantizarse un acta. Así está el escenario tras una década (más o menos) que alumbró el 15M, las reivindicaciones sociales en las plazas y calles y, cómo no, la ilusión que generó Unidas Podemos a una parte de la sociedad para tornarse en espuma de la cerveza venida a menos. Lo dicho: más vale Berlinguer y su seriedad y rigurosidad intelectual. A ver si las izquierdas hispanas, algún día, se vuelven generosas y aparcan sectarismos de andar por casa.










