Primera Plana

Columna de Rafael Álvarez Gil

El cómic como cebo

El cómic como cebo

Al debate entre el soporte papel o digital para leer, en el que gana el papel en cuanto a los libros, está la compañía creciente de los cómics como puerta de acceso y experiencia iniciática para adentrarse en la Historia. Para las generaciones jóvenes, y no tan jóvenes, con un umbral de lectura bajo o medio, un cómic es un poste ideal para narrar cómo fue el siglo XX en España y Europa. El cómic, por tanto, es una herramienta de memoria histórica, defensa de la democracia y, en general, apertura del conocimiento de los acontecimientos históricos.

Desde luego, los cómics no tienen el propósito de suplantar a las novelas y ensayos, ni mucho menos, pero gozan de predicamento, son apreciados y su luminosidad en los dibujos entra por los ojos a los adolescentes, jóvenes y mayores para contar historias. De hecho, son multitud los títulos que abordan la Guerra Civil o la Segunda Guerra Mundial, o episodios concretos de estos dos conflictos.

Hace poco se publicó la edición integral de ‘Paracuellos’, obra de Carlos Giménez. Con vocación autobiográfica narra las andanzas y desventuras de unos niños abandonados a su suerte en la España de la posguerra en un hogar (es un decir) a cargo de la Falange. Prácticamente supone 600 páginas; contar con todos lo tomos agrupados de ‘Paracuellos’ (1976-2022) es un lujo para el lector.

Son historias de niñez a zampar poco a poco, en un ambiente social áspero e ingrato. Aquellos niños o bien eran hijos del bando perdedor de la Guerra Civil (represaliados y exiliados), o de los vencedores que encontraron un lugar fácil donde arrinconarlos y descargarse sus responsabilidades paternas. Hay un evidente tono triste en el relato: por el desamparo que sufrieron, la incomprensión, la falta de afecto… Se criaron sin cariño, solo mitigado por la amistad y camaradería entre los niños que nace del sentimiento espontáneo y de compartir situaciones hostiles. Es un título a resaltar, sin duda.

En fin, es una gran noticia que los cómics cada vez tengan un público más amplio, que no sea cosa de un puñado de anacoretas. Además, opera como percha en los colegios e institutos donde los profesores encuentran en estos títulos una forma más accesible para desgranar la complejidad y barbarie del siglo XX. Encima, el cómic es un regalo seguro no solo para estimular la lectura posterior sino para incentivar la curiosidad intelectual de las generaciones que vienen empujando y que, con el tiempo, se harán su hueco de mando en la sociedad. Y estos, tras devorar cómics y libros, tendrán una visión más amplia y enriquecedora.