Es un acierto prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Es más, incluso podría ser conveniente elevar la prohibición hasta los 18 años. Ahora bien, la duda estriba en cómo se va a hacer efectiva la medida. ¿Quién le pone puertas al campo? Y en las redes globalizadoras a saber cómo se hace eso desde una óptica del Estado nación. Por tanto, el anuncio de Pedro Sánchez es bienvenido; mas resta saber cómo lo materializará.
Si los magnates de las redes sociales (los nuevos supuestos editores del mundo) están cabreados ante la medida de Sánchez, es que ha tocado hueso. Por una sencilla razón: si los demás países replican esta acción, el poder (económico y político) de las redes sociales se contrae considerablemente.
Ese poder de las redes sociales, de internet, es verdad que ha permitido una circulación inédita que expande la libertad de expresión. Que nadie pueda trocearlo y, por ende, se pueda transmitir opiniones (más o menos fundadas) que quizá no tenían cabida en los medios de comunicación tradicionales. Sin embargo, estas mismas redes sociales ensalzan los extremos políticos, el sectarismo y la ausencia de debate.
Y si no hay debate, si no hay conversación, no hay democracia. La democracia implica pluralismo y respeto, conocimiento del interlocutor. Solo así se preserva el Estado de Derecho y no con la inundación digital donde todo supuestamente valga.
Bienvenido sea internet, faltaría más. Y también las redes sociales. Pero no se puede navegar inocentemente, pensando que no tienen consecuencias diarias en la política y en lo personal. Sin ir más lejos, las redes sociales son puerta abierta a la pornografía. Vamos, que ya la cuestión no se condensa solo en la aparición de los teléfonos móviles en las aulas, sino en el papel de los niños y adolescentes al encarar el acceso a las redes sociales. Toca limitarlo. Hacerlo bien. Y que las democracias tomen conciencia de la problemática que nos atañe. Y si no les gusta a los magnates, señal indudable que estamos recuperando poder.
Con todo, el paso dado por Sánchez se prolongará por otros gobernantes. Las redes sociales son espacio con cosas positivas, pero no al alcance de cualquier edad. Hay que acercarse a ese mundo sabiendo de antemano los riesgos. El daño ya hecho en los últimos años, veremos su dimensión pronto cuando (ya adultos) se incorporen de plano a la sociedad, al mercado laboral y demás menesteres.










