Me llevé una alegría el martes al ver una entrevista en la contraportada de ‘El País’ a Lola Larumbe, propietaria de la librería Alberti. Y enseguida pensé que aquella esquina de Madrid cerca de la calle Princesa, sigue siendo un refugio personal; aunque sea mental, aunque sea una reminiscencia que salta de cuando en cuando desde la distancia. La librería Alberti fue la que frecuenté en mi época de estudiante universitario. Y vive Dios que los viernes por la tarde o los sábados por la mañana era el momento idóneo para acercarse paseando desde la Ciudad Universitaria y hacerse con unos libros; aunque siempre uno salía con ganas de más.
Conocí a Lola Larumbe a través de Sergio Suárez, a la sazón subdirector del Colegio Mayor Chaminade. A ambos les une una honda amistad trabada desde tiempos remotos. Los dos afloran una complicidad recíproca que desprenden esas relaciones personales auténticas, afianzadas y repletas de cariño y respeto por el otro que se tornan inquebrantables.
Huelga decir que el aula de Política que el que suscribe dirigía, aprovechaba el convenio no escrito entre el ‘Chami’ y la librería Alberti para la compra de títulos que eran motivo de tertulias y debates posteriores dentro del colegio mayor.
Y sí, como acepta la propia Lola en la entrevista, en ese barrio madrileño se desborda la sociología y el voto conservador. Mas es compatible con el cariño que el vecindario le tiene al local. Una librería que sufrió salvajadas perpetradas por la extrema derecha durante la Transición y que en sus orígenes estuvo regentada por la familia Lagunero, vinculada al PCE.
Si algo sobresale de Madrid es su oferta cultural y, de paso, sitios como la librería Alberti. Gracias a que Gran Canaria no se queda corta y, con los años, las diferencias al respecto entre la capital y la isla se han ido estrechando cada vez más. Eso sí, salvo los cines de verdad, desaparecidos en la ínsula tras la pandemia. Aunque la paleta cultura de Las Palmas de Gran Canaria está a la altura de las grandes ciudades y dista de las capitales de provincia del interior peninsular.
Qué buen recuerdo deja la librería Alberti, ciertamente imborrable. Un éxito sostenido amén de Lola Larumbe, librera de pedigrí, aunque fuese sobrevenido por las vueltas inesperadas que da la vida, y del equipo que le acompaña. Si pasan por Madrid, no dejen de darse un brinco. Merece la pena.










