La situación política que deja 2025 es exasperante. Y lo es por múltiples motivos: hay más grises que solo blanco y negro. A pesar del discurso manido de buenos y malos, sin matices, propia del ‘guerracivilismo’, lo oficial se tropieza con una realidad a veces más rica, otras más rocambolesca. 2025 solo hay uno. En cambio, puede haber dos, tres, cinco o vaya usted a saber cuántas Españas sentidas y vividas. Lo único que reconforta es que España, en sí, por mucho que entre en trance, no se destruya; y eso que en el siglo XIX hubo tres guerras civiles (por el carlismo) y luego la que sucedió tras el golpe de Estado fallido contra la Segunda República (1936-1939).
Y aquí seguimos, con electorados bufanderos, odio a mansalva y sectarismo para dar y tomar. Y luego con personajes que, ancha es Castilla, delante de las cámaras de televisión y fotógrafos tocan el pecho a una mujer mientras degustan el purito y llevan una bandera preconstitucional de España, la de la dictadura y su aguilucho. Al margen de la oportunidad de la protesta ‘per se’, por mucho que se jalee el antifascismo, el señor de la fotografía llegó, dio gusto al cuerpo y se iría para el salón de su casa. Y aquí paz y después gloria.
Quiero pensar que luego hubo gira policial y encuentro en los juzgados. Si lo hubo, pues apenas ha trascendido en esos mismos medios que captaron esta imagen que, hoy, sirve como resumen de 2025 para salir del paso. A lo mejor, comenzamos 2026 y todavía no se ha sustanciado judicialmente las ínfulas masculinas e ibéricas de este malandrín nocturno.
Así las cosas, el pecho desnudo de Susana Estrada ante Enrique Tierno Galván (aquella fotografía, por cierto, la hizo una mujer: Marisa Flórez) ilustró la Transición; la liberación ansiada tras décadas de una España sumida en el recato de conventos y sacristías, y sexualidad reprimida en jaculatorias de confesionarios. Por el contrario, en 2025, otro pecho, por obra y gracia de un desaprensivo, retrata la España sobrevenida en el caos político, abonada al zarandeo de la mediocridad que ensalza la banalización del espacio público.
2025 cierra sin atisbar un 2026 político mejor. La lucidez se ha disipado en medio de las garras de la mediocridad. Lo que deja una sociedad sin nadie al timón, pertrechada tan solo por los valores que cada uno pueda tener, si es que los tiene. Que esa es otra.










