Deseamos amor y, con frecuencia, muchos brindan un amor falso. Una faramalla que a 200 kilómetros por hora, mientras el tóxico conduce, da un pavor indescriptible. Un amor (supuesto) revestido de controles machistas que, en realidad, destapan las miserias humanas de un miembro en la pareja que dice querer y, en cambio, controla, acosa y cosas peores. Esta es la trama de la novela, primera, de la gallega Lucía Solla Sobral: ‘Comerás flores’ (Libros del Asteroide, 2025).
Se está vendiendo como churros. Y es una alarma, especialmente para las generaciones más jóvenes, para que no soporten calamidades ni falsos amores. Chica que apenas supera los veinte años, y que acaba de quedar huérfana de padre, se refugia en una relación con un hombre que le dobla la edad. El machirulo, como es costumbre, entra repartiendo halagos, cariños y detalles por doquier hasta que, de repente, tiene un giro imprevisto de frialdad y empieza a someter a su víctima a una espiral de degradación personal y moral.
Luego viene el tóxico a meterle miedo conduciendo a 200 kilómetros por hora por la autopista. Mientras lo lees quieres creer que la autora, ni nadie, nunca pasó por eso y que solo es fruto de su imaginación literaria. Sin embargo, estas cosas concurren, es machismo de tomo y lomo y no ha sido denunciado debidamente. El patriarcado tiene a mano también su conducción temeraria. ¿Cuántas mujeres habrán muerto yendo por sus parejas a 200 kilómetros por hora?
Detrás de una relación tóxica puede haber, añado, una perversión narcisista. El narcisista para operar eficazmente necesita previamente de la proximidad de su víctima, crear una relación cercana y de dependencia emocional para luego despellejarla. Y comienza la confusión, la comunicación paradójica, la triangulación dentro de la familia o entornos similares para que la mujer (o quien fuese) quede desacreditada entre los suyos y, sobre todo, dude. Porque la realidad es que esa violencia sibilina (o no) requiere que su destinataria dude, para que sea más débil. Y después la sometas a ir a 200 kilómetros por hora en el vehículo.
En fin, no puede haber amor real, auténtico, si no se es buena persona. Detectar que la pareja potencial es buena gente, dicho coloquialmente, no siempre es sencillo. Hay muchas caretas cuando socializamos y esto conlleva saber desactivar los egos de los demás. Con todo, una cosa está clara: no hay nunca que aguantar. A la primera señal, comunicárselo a las personas de confianza y romper. Y seamos honestos con nosotros mismos para así nutrirnos de autoestima en aras de que nadie pueda hacerte daño. Amar no es sufrir.










